Tradiciones navideñas importadas: de dónde vienen y cómo han llegado a España

La Navidad española ya tenía belén, turrón, lotería y Reyes. Se le han sumado costumbres alemanas, nórdicas y anglosajonas, casi todas en el mismo hueco: las semanas de diciembre antes de Nochebuena.

Actualizado el 08/11/2026

Nada de lo de siempre ha desaparecido. La lotería sigue el 22, el belén sigue saliendo del altillo, las uvas siguen siendo doce y los Reyes siguen llegando la noche del 5. Lo que ha pasado es otra cosa: las semanas de diciembre antes de las vacaciones, que en casa tenían poco ritual propio, se han ido llenando de costumbres traídas de Alemania, los países nórdicos, Reino Unido y Estados Unidos.

Algunas llegaron por la tele, otras por familias que vivieron fuera, otras por las tiendas. Aquí va de dónde sale cada una y cómo ha encajado.

Calendario de adviento

Sale de los hogares protestantes alemanes del siglo XIX, donde los días hasta Navidad se contaban con rayas de tiza, velas o estampas. A principios del XX llegaron los impresos, con el muniqués Gerhard Lang entre los pioneros, y a mediados de siglo los de chocolate.

Aquí entró por el súper, en versión chocolate, y hoy hay de cuentos, de LEGO, de té o de enigmas. Encaja porque ocupa un tramo libre: del puente de diciembre a Nochebuena. En 2026, del martes 1 al jueves 24. La historia completa está en qué es un calendario de adviento, y las fechas, en cuándo empieza el adviento en 2026.

Corona de adviento

La más antigua de la lista y la primera en llegar, de la mano de las parroquias. Se atribuye a Johann Hinrich Wichern, pastor luterano que en 1839 dirigía un hogar para niños en Hamburgo. Para que supieran cuánto faltaba, colgó una rueda de madera con velas pequeñas para los días de diario y grandes para los domingos. Con los años quedó en lo que conocemos: ramas verdes y cuatro velas.

La Iglesia católica la adoptó en el siglo XX. En misa se ve a menudo con tres velas moradas y una rosa, que se enciende el tercer domingo. En 2026, los domingos de las velas son el 29 de noviembre y el 6, el 13 y el 20 de diciembre. En casa funciona igual con o sin sentido religioso: un gesto pequeño a la semana.

Calcetines colgados

Se asocian a una leyenda de San Nicolás, que habría dejado monedas de oro en unas medias puestas a secar junto al fuego. La costumbre cuajó sobre todo en el mundo anglosajón.

Aquí tiene un pariente directo: los zapatos en la ventana la noche de Reyes. Lo que vemos en muchas casas que celebran las dos cosas es un reparto razonable, un detalle pequeño en el calcetín en Nochebuena y los regalos el 6 de enero.

Jerséis navideños

Los de punto con renos y copos se llevaban desde hace décadas en Reino Unido y Norteamérica. A principios de los 2000 se pusieron de moda las fiestas en las que gana el más feo, y de ahí el ugly Christmas sweater. En Reino Unido hay incluso una jornada solidaria en la que se va al trabajo o al colegio con él puesto.

Aquí ha entrado por las oficinas y las cenas de empresa. Es, con diferencia, la importación con menos carga y más sentido del humor.

El elfo travieso

La más reciente. Es la tradición popularizada por The Elf on the Shelf, un libro estadounidense de 2005: un muñeco de elfo aparece cada mañana de diciembre en un sitio distinto de la casa, a veces en mitad de una trastada. Tiene raíces más viejas en los duendes domésticos del folclore nórdico, el nisse danés y noruego y el tomte sueco. En Dinamarca, de hecho, hay una versión propia de duende bromista de diciembre.

En España se ha extendido entre familias con niños pequeños y en colegios. Un aviso para quien se lo plantee: son 24 noches seguidas pensando dónde ponerlo.

Casitas de jengibre

Las galletas especiadas son de la Navidad alemana y nórdica. La costumbre de construir casitas con ellas se popularizó en Alemania en el siglo XIX, en parte por la casita de dulce de Hansel y Gretel, de los hermanos Grimm.

Aquí no hay equivalente con galletas, pero sí mucha repostería de Navidad. Montar una es plan de tarde con niños, y puede ocupar una ventana del calendario: «hoy hacemos la casita». Un sábado funciona mejor que un martes; en 2026 los sábados de adviento son el 5, el 12 y el 19.

Mercados navideños

Los de Alemania y Austria tienen siglos. El Striezelmarkt de Dresde está documentado desde el siglo XV. Adornos, artesanía, vino caliente especiado y dulces en casetas de madera.

España tenía los suyos, distintos: la Plaza Mayor de Madrid o la Fira de Santa Llúcia de Barcelona, que se celebra desde finales del siglo XVIII y gira en torno al belén, las figuritas y el musgo. Muchas ciudades han añadido ahora mercados de estilo centroeuropeo, y conviven sin problema. Para quien quiere la idea en miniatura, el calendario Playmobil Viaje al Mercado navideño monta un puesto de mercado, un árbol y figuras con patines en 24 días.

Santa Lucía

El 13 de diciembre, en Suecia y otros países nórdicos, una joven vestida de blanco, con faja roja y corona de velas, encabeza una procesión que canta en colegios, iglesias y residencias. Se comen bollos de azafrán. En pleno invierno nórdico, es ante todo una fiesta de luz.

Aquí no hace falta importarla del todo. Lucía es una santa siciliana muy venerada en España, patrona de la vista, y su día da nombre a la feria navideña de Barcelona. Más que una tradición nueva, es otra cara de algo que ya estaba.

Amigo invisible

Este es nuestro. Lleva años instalado en oficinas, familias y grupos de amigos, y tiene primos fuera: el Secret Santa anglosajón o el Wichteln alemán. Lo que sí ha llegado de fuera es el formato: sorteos por internet, límite de precio, juegos en los que se pueden «robar» regalos.

Crackers

Muy británicos: un tubo de cartón envuelto en papel del que tiran dos personas, uno por cada extremo. Suena un chasquido y dentro hay una corona de papel, un chiste y un regalito. Se atribuyen a un confitero londinense, Tom Smith, a mediados del siglo XIX.

Aquí siguen siendo raros, aunque empiezan a verse en alguna mesa de Nochebuena. Rompen el hielo con niños o con familia política, que a veces hace falta.

Que sumen, no que sustituyan

No hay que elegir, y la mejor forma de que convivan es usar lo de fuera para preparar lo de aquí. Algunas ideas que funcionan:

El calendario al servicio del belén. Que una ventana diga «hoy montamos el belén» y otra «hoy elegimos una figura nueva». Si te gusta la idea, el calendario de madera Brubaker es una escena del Belén con 24 cajoncitos para rellenar, de unos 3,9 x 2,7 cm cada uno: sitio para una nota o una chuche.

Lo grande, para Reyes. El calendario o el calcetín, para detalles. Así ni se acumulan juguetes ni se quita protagonismo al 6 de enero. Si buscas un calendario que no sea de juguetes, los de cuentos, como 24 cuentos antes de Navidad de Disney, encajan bien; más en calendario de adviento sin chocolate.

Contar de dónde viene cada cosa. A los niños les gusta saber que la corona salió de un hogar de Hamburgo y que Santa Lucía es la misma santa de la feria de Barcelona.

Si vas a probar solo una, empieza por el calendario. Hay ideas para todas las edades en los mejores calendarios de adviento de 2026, y si prefieres hacerlo con bolsas de papel y pinzas, como el kit de LIVAIA, en cómo hacer un calendario de adviento casero. Para rellenarlo, ideas para rellenar el calendario.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la corona de adviento?

Se atribuye al pastor protestante Johann Hinrich Wichern, que en 1839 colgó en un hogar para niños de Hamburgo una rueda con una vela por cada día hasta Navidad. Con el tiempo se simplificó a una corona de ramas con cuatro velas, una por domingo, y la adoptaron también las parroquias católicas.

¿Es el calendario de adviento una tradición española?

No en origen. Nació en hogares alemanes en el siglo XIX y se popularizó con los calendarios impresos de principios del XX. En España se ha extendido sobre todo en las últimas décadas, primero con los de chocolate y después con los de juguetes, cuentos y adultos.

¿Qué se celebra el día de Santa Lucía en Suecia?

El 13 de diciembre hay procesiones de luz: una joven vestida de blanco, con una corona de velas, encabeza un cortejo que canta canciones tradicionales. Se acompaña de bollos de azafrán. Es una de las fiestas más queridas del adviento nórdico.